Interactividad: Se trata de que la aplicación y el usuario sean capaces de mantener una comunicación reciproca. La aplicación invita al usuario a tomar decisiones, a responder a preguntas y a buscar información.
Transparencia: Las aplicaciones no deben suponer un obstáculo entre el usuario y el contenido que se quiere transmitir. Se deben evitar interfaces complicadas y deben incorporar dispositivos para manejarlos fácilmente, que eviten distraer al usuario con su uso. La aplicación multimedia debe suponer sólo un medio para acceder a la gran cantidad de información que hoy en día se puede almacenar en un equipo informático.
Navegación: Al multiplicarse por varias veces los contenidos que pueden incluirse en una aplicación multimedia, los sistemas de navegación deben permitir “navegar” por la aplicación de una manera flexible, sin extravíos y con una continua información de la situación del usuario dentro de la aplicación. Se deben crear formas de navegar redundantes que permitan al usuario elegir la más adecuada. Además, el sistema de navegación debe permitir al creador poder controlar y dirigir las acciones del usuario.
Velocidad: Debe llegarse a un compromiso entre la inclusión en la aplicación de medios digitales sofisticados, la complejidad de gráficos utilizados y la velocidad de reacción de la aplicación a las acciones del usuario. La complejidad de la aplicación exige unos requerimientos mínimos de hardware que no cumplen la mayoría de equipos de los futuros usuarios y esto se traduce en tiempos de espera que pueden llevar a la confusión del usuario.
Evaluación: si se trata de aplicaciones educativas, deben incorporarse sistemas de evaluación que permitan a los creadores comprobar si la aplicación corresponde a sus expectativas. También deben crearse para permitir a los tutores de los cursos realizar seguimientos de los futuros alumnos de los cursos realizados con ayuda de la aplicación multimedia.

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